El feminismo es cosa de personas, no sólo de mujeres, también de hombres.
Es tan sencillo como entender que para que las mujeres alcancen sus derechos, los hombres han de perder sus privilegios.
Todo el mundo conoce la palabra fraternidad, viene del latín “frater”, es decir hermano; relación de solidaridad, cooperación y amistad estrecha.
Pero en latín, hermana es “soror”.
Y fue un hombre, un filósofo y escritor: don Miguel de Unamuno el que ve la necesidad de incluir esta palabra en el léxico español.
¿Fraternal? No: habría que inventar otra palabra que no hay en castellano. Fraternal y fraternidad vienen de frater, hermano, y Antígona era soror, hermana. Y convendría acaso hablar de sororidad y de sororal, de hermandad femenina.
Pero… ¿por qué cuesta tanto aceptar un lenguaje inclusivo? La palabra no fue reconocida por la Real Academia Española que sólo recogía algún derivado como “sor”, es decir integrante de una congregación religiosa. Hasta el 21 de diciembre de 2018 no se incluye en el DLE. Ya sí podemos hablar de sororidad con propiedad léxica. ¡Ya era hora!
Solidaridad entre mujeres
hace mucho que existe
aunque faltó la palabra.
Se llama sororidad.
Es una palabra clave
significa entrelazar
corazón con corazón
significa abanderar
con la bandera violeta
es también alboreada
con vida nueva y total.
Respeto por nuestro cuerpo
para lograr la igualdad
todas juntas como hermanas.
luchar por la libertad.

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