Las manifestaciones del 8 de marzo y 25 de noviembre se han ido haciendo cada vez más generalizadas a nivel mundial. No es una fiesta de señoras histéricas, sino una lucha colectiva contra el patriarcado.
He asistido a muchas y siempre han sido pacíficas. No se ha destrozado mobiliario urbano, es más, las calles por las que marchaban las manifestantes estaban tan limpias como antes de la manifestación. Siempre ha reinado el espíritu cívico, entonces, ¿por qué molestan tanto a parte de la sociedad?
Si partimos de la base de que los “señores” han gozado de unos privilegios a costa de la negación de derechos a las “señoras”, se puede entender que a muchos les cuesta perder esas regalías.
Es precisamente esa lucha pacífica y constante la más molesta para la sociedad patriarcal.
Si hay violencia, pueden intervenir las fuerzas de orden público, pero ¿qué hacer en una democracia más o menos plena –no entraremos en ese debate- cuando la manifestación transcurre ordenada, pacífica y sin ningún incidente digno de mención?
Creo que es, precisamente, la ejemplaridad de estas manifestaciones la que escuece al machismo.
Este año el punto de mira está en el Covid. No tengo aún notificación de cómo se van a realizar las de Sevilla, creo que hay dos convocadas; sí puedo decir que en Montequinto, el grupo feminista ha convocado con todas las medidas de seguridad posibles: distancia, mascarilla, gel y grabando los lemas con megafonía para evitar hablar: en conjunto parece que hay más seguridad que en un transporte público en hora punta.
Siempre habrá quien cuestione la manifestación, como han sido cuestionadas desde que se han hecho.
Perdonen si soy pesada con el tema, pero me acabo de enterar de un nuevo asesinato machista esta misma mañana: señora de cuarenta y seis años en Torrejón de Ardoz ha sido apuñalada y de verdad... ¡escuece!
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