Es imposible entender la salida de España de don Juan Carlos, sin echar una mirada a la historia.
Tengo que decir que soy republicana: las monarquías, ducados, marquesados… me parecen medievales.
Siempre me ha admirado que en España se asocie república con izquierdas. En nuestra breve segunda república, después de la presidencia de Azaña, gobernó Lerroux (republicano radical) apoyado por la CEDA (confederación de derechas autónomas).
Tan republicana es EEUU como Rusia.
Ya la reina Isabel II se tuvo que exiliar y abdicó en su hijo, Alfonso XII (que era a la vez hijo de Enrique Puig Moltó), es decir medio Borbón, a decir de doña Isabel: Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía.
Es curioso, que en pleno siglo XXI, se hable de la pureza de la sangre azul de reyes y reinas, cual faraones del antiguo Egipto, cuando una de las reinas más elogiadas y veneradas de la historia española, Isabel I, desciende de la relación extramatrimonial de Alfonso XI con Leonor de Guzmán.
Enrique II, mató a su hermanastro Pedro I y se hizo con el poder, inaugurando la dinastía Trastamara, que continuaría tras varias generaciones la Reina Católica, disputando el trono a su sobrina Juana “la Beltraneja” ya que era hija ilegítima de Enrique IV. Como pueden ver, la pureza de sangre o la ilegitimidad se usa según convenga.
Avancemos un poco hasta don Alfonso XIII, que empieza su reinado con una monarquía constitucional. Es curioso su paralelismo con don Juan Carlos: Primo de Rivera, al igual que Tejero, dio un golpe de estado, sólo que con éxito, y el rey aceptó pasar a segundo plano y el régimen liberal pasó a mejor vida. La propia monarquía fue cuestionada, acabando con la dictadura, para pasar a la dictablanda de Berenguer. Los esfuerzos de don Alfonso por volver al régimen democrático no sirvieron de nada.
No podemos decir que fuera un reinado tranquilo y fructífero: la guerra de Marruecos, el desastre de Annual, la Semana Trágica, el asesinato de Ferrer Guardia… son ejemplos del estado de agitación de la sociedad española.
Es curioso que, tras las elecciones con mayoría republicana, el Rey se va, pero no renuncia abiertamente a la corona, de hecho abdica en don Juan, su hijo. Soy y seré mientras viva el rey de España.
Un golpe de estado con todos los ingredientes, guerra civil incluida, pone fin a la joven república. Un general fraguado en la guerra de África instaura una dictadura férrea de casi cuarenta años. Obviando la legitimidad republicana, refrendada en la urnas y pisoteada por la dictadura, Franco decide quién será su sucesor en la Jefatura del Estado. El país será una monarquía: lo ha decidido el dictador.
Tiempos bien difíciles los del principio de la transición. El pueblo español, ansioso de participación democrática, vota un lote constitucional en el que se incluye una monarquía parlamentaria y una inviolabilidad de la figura real.
La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Yo entendería que en sus funciones de Jefe de Estado, no en su vida privada. Si una ley, refrendada por el rey, es nefasta, no es responsabilidad suya, pero si roba, o le pega tres tiros a alguien que no le cae bien, estamos hablando de otra cosa.
Llevamos casi cuarenta y cinco años de democracia. Mi opinión es que es hora de revisar la Constitución y quizás de cuestionarnos una monarquía impuesta por un dictador. Hay muchos republicanos en España.
La prensa no para de hablar del rey emérito. Los hay que dicen que ha «abandonado» España.
Yo creo que el verbo abandonar no es adecuado. Son sinónimos desatender, descuidar... Se abandona algo de tu propiedad y España no es propiedad del rey, ni la desampara con su ausencia. De hecho, muchos republicanos se alegran y lo estarían más, si se fuera con el dinero que vino.
En Derecho, abandonar es separarte de tu patrimonio, de algo tuyo dejándolo sin dueño y creo que don Juan Carlos se lleva su fortuna personal de orígenes, de momento, más que dudosos. Sus bienes no se han convertido en «res nullius», el beneficiario no ha renunciado. (Perdonen los doctores en derecho mi simplificación del asunto).
Un rey campechano e intocable por la prensa, cosa que yo siempre he cuestionado. Aquel 23F con una actuación bastante difusa al comienzo para terminar leyendo un discurso preparado con puntos y comas, fortaleció la monarquía, más por miedo que por amor a la misma. Aquí el azar o los buenos consejos, hizo que el fallido golpe le trajera más beneficios que a su abuelo.
El mundo reía sus «gracias». Aquel ¿por qué no te callas? Dirigido al presidente Chávez, hubiera merecido una contestación rotunda, que no tuvo.
—Pues no me callo, porque soy un presidente electo por una mayoría democrática de mi país. Cállese usted que es un jefe impuesto por un dictador al que el pueblo no ha elegido en sufragio directo.
¿Hubiera quedado bien o sólo me lo parece?
El Rey coge confianza, se considera por encima del resto de la ciudadanía. Después del caso NOOS, con su yerno condenado, pero con su hija absuelta empiezan a salir a la luz pública una serie de acontecimientos de su vida privada.
La prensa extranjera, más que la española, chorrea tinta sobre estos acontecimientos del señor Borbón. La fiscalía del Supremo empieza a investigar y don Juan Carlos se va fuera de España, a ver si va a ser verdad eso de que la justicia es igual para todos.
Hay quien dice que huye, es decir que se aleja de prisa por miedo u otro motivo, quizás este verbo sea más adecuado que abandonar.
Quedan muchos puntos oscuros. Es evidente que no le faltarán medios económicos, pero la ciudadanía tiene derecho a saber si se le va a asignar una pensión. El presidente del gobierno, preguntado hoy de forma reiterada sobre el tema, ha contestado con evasivas.
Estamos en un momento sanitario crítico y quizás no sea el más oportuno para una reforma constitucional y un referéndum sobre monarquía o república, pero si debe ser un tema a debatir en cuanto se vuelva a una normalidad real. (de verdad, no monárquica)
Como diría Machado:
Don Juan Carlos y equipaje...
¡Buen viaje!

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