Defiendo a ultranza la libertad de expresión y manifestación. Pienso que debe ser asertiva, contundente, pero no violenta ni injuriosa.
Un breve inciso: desde un punto de vista ético habría que distinguir entre la protesta de la persona que demanda un derecho fundamental: vivienda, comida, educación, salud, igualdad... y otra que solicita que no sean tocados sus privilegios; a modo de ejemplo, no es lo mismo manifestarse por un salario digno para los jornaler@s de la fresa que un millonari@ proteste por tener que pagar un impuesto de patrimonio. Pero ambos están en su derecho de manifestarse.
En el momento actual, donde me da la sensación que se está aprovechando el impacto de la pandemia para fines políticos, hay cosas que no entiendo.
¿Críticas al gobierno? Por supuesto que sí, sólo faltaba. Todas las que nos parezcan necesarias.
¿Dimisión del gobierno? ¿Cómo? ¿Con nueva elecciones? ¿Con moción de censura? Pues dudo que estemos en el momento oportuno.
De todas formas, los que piden esa dimisión son muy dueños de hacerlo, pero con las medidas de precaución sanitarias adecuadas.
Asómense al balcón, rompan cacerolas, cuelguen banderas y signos de luto, pero no se manifiesten en concentraciones y menos en Madrid que está en fase cero.
De verdad, son casi veintiocho mil muertos, no está la cosa para bromas. Los sanitarios están exhaustos, la población nerviosa y gran parte de nuestros políticos entorpeciendo la batalla contra el Covid 19, en lugar de aunar esfuerzos.
Vamos a derrotar al virus, escuchemos a los expertos y esperemos a que esto pase. Entonces será el momento de manifestarse, de hacer mociones de censura, de hacer nuevas elecciones... pero no ahora.

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