Escuchando la noticias de estos días se me viene a la memoria estre trozo de mi novela 'Olas de levante' en la que uno de los protagonistas, Carlos, médico militar tenía que decidir...
10 de junio 1937
El hospital de sangre que montamos a
toda prisa cerca de Brunete, está en plena efervescencia. Hoy el
flujo de heridos ha sido interminable. Es una lucha continua contra
la muerte, un maratón de desesperación y rabia. No tenemos tiempo,
hay que decidir sin pararse apenas, si un herido grave puede ser
salvado o no, no podemos perder el tiempo con un caso que no
sobrevivirá. Eso me convierte en juez, un juez a veces despiadado.
No podré olvidar la mirada de un
soldado joven, casi un niño... tenía una herida de tórax y yo
sabía que no sobreviviría. He mandado al sanitario que le pusiera
morfina para aliviarle los dolores. Creo que entendió por el tono
que lo mandaba a morir y me miró...¡Dios mío, de qué forma! Sueño
con su mirada... Aquel día le salvé la vida a muchos, creo que hice
lo que debía, pero su mirada de absoluta desesperación me sigue
persiguiendo.
Algunos médicos, en estos momentos difíciles, también se convierten en jueces a su pesar.
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