Estos días leyendo y escuchando noticias, recuerdo lo que escribí en mi novela 'Siempre fuimos más jóvenes que hoy' en el capítulo izquierda desunida.
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―¿Has escuchado hablar del manifiesto “mover ficha”?
―Sí, los de IU no somos cavernícolas. Estamos al día.
―Se han juntado un grupo de intelectuales, hay que llegar a las instituciones: tenemos que terminar con la impunidad, con el saqueo de unos pocos, con el aumento de las desigualdades, con las pérdidas de derechos... eso no lo van a conseguir los partidos tradicionales. ―Se había levantado mientras hablaba, casi sin darse cuenta, y se movía por la sala.
―Estoy de acuerdo contigo, pero nosotros también luchamos en contra de la desigualdad, del capitalismo...
―Mira, Lucas ―lo interrumpió Rosa―, IU ha apoyado al PSOE muchas veces y eso no puede ser. El PSOE se ha vuelto tan de derechas como el PP.
Lucas sonreía con tranquilidad mirando a su prima: era difícil hacerle perder el control.
―Venga ya, eso era con Llamazares. Cayo Lara no está por ser comodín de nadie. Somos un partido con una identidad que no vamos a perder ahora.
―Bueno, ¿vas a venir a la asamblea o no? ―inquirió concluyente.
―Que sí, iremos a la asamblea ―respondió complaciente―. Yo siempre estoy dispuesto a defender lo que surgió en el 15M, pero mi partido tiene una tradición y un pasado de lucha que no vamos a regalar ahora. Un partido de izquierda siempre tiene un pie en la calle, con la gente... porque para eso es un partido de izquierda, que trabaja con y para el pueblo.
―Vamos, que tu partido es perfecto... ―sonrió irónica―. Pues no parece que tenga muchos votos.
―No hay un partido perfecto. IU ha cometido errores porque lleva mucho tiempo trabajando y luchando. Los que no hacen nada son los que no se equivocan.
―Pero os estáis convirtiendo en la muleta del PSOE, al menos en Andalucía. Cuando la señora Díaz no os necesite, os dará la gran patada.
―Mira, Rosa, cuando nos hemos plantado para parar un desahucio, nunca nos hemos preguntado de qué partido éramos, nos hemos unido contra la opresión, sin más.
―Pues eso es lo que yo pido: la unidad, no ya de la izquierda, sino de la clase obrera, de los oprimidos por el capitalismo...
―Es difícil unir a la clase obrera, por varios motivos ―interrumpió Lucas con voz pausada―. El primero es que muchos obreros no tienen conciencia de que lo son. Hay quienes piensan que obreros son los que van con pico y pala a la obra. Yo me considero obrero, porque vivo de mi trabajo, con un sueldo de miseria y me he pasado la vida estudiando.
―Pero no vas a comparar a mi hermano Enrique con Carmela.
―Es que tu hermano no entiende que él es un obrero, aunque su nivel de vida sea más alto, porque él no maneja los medios de producción. No deja de recibir un salario a cambio de un trabajo. ―Sonrió y miró a su prima que estaba absorta en sus palabras―. El problema es el miedo que tu hermano y la gente como tu hermano tienen a perder su nivel de vida: eso les hace mirar hacia otro lado ante los problemas acuciantes de la gente como Carmela.
―¿Recuerdas la entrevista a Anguita? ―preguntó retórica―. Hablaba de que el sistema actual es incompatible con la democracia... según él, para que haya democracia tiene que haber un bienestar social y no lo hay... por eso tenemos que luchar contra este sistema, todos unidos.
―Me acuerdo perfectamente, prima, pedía trabajo, vivienda, vestido y cultura... La democracia actual no sirve: no sirve de nada votar cada cuatro años si no se tiene para comer...
―También habló de que debe seguir la lucha, de que no podemos esperar que nos den las cosas hechas ―contestó con mirada pensativa.
―Estás diciendo lo mismo que yo. Anguita se sintió identificado con el 15M, como toda IU, “son los nuestros, formamos parte de ellos. Soy representante no sólo de IU, sino de todas aquellas personas que venían al partido, aunque sin carné, a debatir problemas sociales”. ―Sonrió a su prima―. Éstas fueron más o menos sus palabras.
―Pero también dijo que el objetivo del 15M era llegar a una mayoría de personas que no se atreven a salir a la calle de protesta, que sufren la política del miedo y que ven día a día cómo van perdiendo calidad de vida. ―Rosa había vuelto a sentarse en el sofá, aunque su postura era tensa y expectante.
Hubo un silencio cómodo entre los dos, sumidos cada uno en sus pensamientos. Lucas miraba a su prima como indeciso, Rosa ni siquiera notaba su mirada
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