martes, 7 de junio de 2016

Esperanza Aguirre y el machismo.

Es la segunda vez que la Señora Esperanza Aguirre sale de una situación cuanto menos embarazosa, calificando de “machismo” las actitudes o las preguntas que le incomodan.

Cuando aparcó su coche de forma irregular en la Gran Vía, sin aceptar la sanción, huyó, derribando una de las motos de los agentes. Su defensa se basó en que la actitud de los agentes y policías era prepotente y “machista”.

Ahora, ante las preguntas de un periodista sobre las acciones con cotización en Bolsa, adquiridas por la compañía fundada por ella y Don Fernando Ramírez de Haro, su marido, Doña Esperanza se niega a responder por considerar la pregunta “machista”, responde con toda tranquilidad, contundencia y con una sonrisa condescendiente e irónica.

Señora Esperanza, me enerva usted con su actitud, se lo dice una maestra que ha trabajado durante cerca de cuarenta años intentando erradicar el machismo auténtico en la escuela y educando en igualdad, digo el machismo auténtico, no ese vocablo huero que usted utiliza para evadir sus responsabilidades, y enerva usted a todos aquellos docentes que han trabajado en la misma línea que yo.

Pero lo peor es que su actitud es insultante para todas aquellas mujeres que hacen equilibrios para compaginar su vida doméstica con la laboral, cobran menos que sus compañeros de trabajo rindiendo lo mismo o más que ellos, obtienen los peores puestos laborales, sufren vejaciones y malos tratos físicos y psicológicos y muchas mueren por esa violencia machista.

Puedo entender que usted quiera defender lo indefendible, pero por favor, antes de emplear la palabra “machismo” con esa ligereza, piénselo dos veces.

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