domingo, 20 de marzo de 2016

Buscando el espíritu de la Semana Santa

Sevilla se prepara para su Semana Santa. Hoy, Domingo de Ramos, se confunde el olor del azahar con el del incienso y las flores que acompañan a los pasos. Hay por toda la ciudad un derroche de arte imaginero, de bordadores, de plateros... Las obras de Martínez Montañés, Mesa, Illanes, Roldán, Ramos... por citar algunos, pasean entre cirios, incensarios, flores, túnicas y capirotes.

¡No se puede explicar, hay que verla! La Paz, atravesando el Parque de María Luisa, la Candelaria por los jardines de Murillo, la sobriedad de la caoba labrada del trono de los Estudiantes, Pasión saliendo del Salvador, la plaza de San Lorenzo silenciosa y expectante esperando la salida del Señor de Sevilla, la Esperanza de Triana cruzando el puente, la Macarena saliendo por el Arco... Son escenas que impactan, no se olvidan, quedan grabadas en la retina. La música o el silencio las acompañan.

Nunca me he cuestionado el arte de las “mecías”, de las “levantás”, el trabajo de los costaleros...

Pero sí hay algo que me cuestiono: ¿dónde está el espíritu de la Pasión, del sacrificio de Jesús de Nazaret, del dolor de la Virgen?

Este año lo he encontrado, no está en Triana, ni en Placentines, no está en la calle Feria, ni en Sierpes, ni siquiera en la Catedral... Está en los campos de refugiados de la frontera de Turquía y de Macedonia. Allí podemos ver al Cristo azotado y crucificado, en las personas que sufren hambre, frío, enfermedades... en los niños y niñas inocentes que chapotean entre el barro y la suciedad, sin ropa seca, sin techo, sin cobijo, sin medicinas, con comida más que escasa... Podemos ver el dolor desgarrador de María no en La Estrella, La O, la Esperanza... sino en todas las madres desesperadas que ven impotentes a sus hijos e hijas pasar hambre, temblar de miedo y frío, padecer enfermedades.

También encontré el Sanedrín, está en Bruselas, allí se han reunido veintiocho “representantes” de las naciones europeas, en una situación bastante incómoda para unos “líderes” de los Derechos Humanos. Por si no me estoy explicando, quieren pasar la “patata caliente” a Turquía. No consiguen siquiera llegar a conclusiones, y mientras sentados cómodamente discuten leyes hueras sin intentar resolver de verdad la situación, pasan los días y la desesperación, la enfermedad y la muerte hacen estragos entre los refugiados.

La ley internacional, con la Convención de Ginebra, estipula que quien llega a un territorio puede pedir asilo, y no puede ser expulsado o deportado hasta que se resuelva su expediente, pero Caifás -perdón, quise decir el presidente de la Comisión- Jean Claude Juncker citó una directiva europea que, según su artículo 33, permite a un país rechazar una petición de asilo si la persona viene de un país seguro. Lo sé por la prensa: el Señor Rajoy, como está en funciones, no ha dado explicaciones en el Congreso, pero ¿cobra igual?

No quiero terminar esta historia sin un rayo de esperanza. Al igual que el Cirineo o la Verónica, existen hombres y mujeres, existe un voluntariado que intenta mitigar esta situación límite. Es poco lo que pueden hacer ante esta catástrofe, pero aportan su granito de arena.

¡Mi felicitación a toda la ciudadanía que se manifestó el pasado once de marzo en contra de esta carnavalada!

2 comentarios:

  1. Yo me pregunto una cosa: los que están viendo las procesiones con tanto fervor sentados en sus sillas en la avenida de la constitución, con las vallas que los separan de los mortales, o los cristianos viejos que votan en conciencia y marcan la casilla que corresponde en su declaración (...de intenciones) anual; me pregunto digo, ¿ habrán leído el libro ese donde Jesucristo dice: " lo que hagáis al más débil de mis hermanos me lo hacéis a mi"?

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  2. Bravo Magda. Se puede decir más alto, pero no más claro.
    Es de pena, que lloremos por unas ímagenes tan bonitas y queramos sentir el dolor de Jesús en estos días luciendo nuestras mejores galas, y nos quedemos la mayoría, tan tranquilos sin hacer nada.
    Ole por esas personas que sin esperar nada a cambio, ayudan incondicionalmente. Eso es hacer iglesia y no lo otro. Eso es transmitir y vivir el evangelio, y no lo otro.
    Deberíamos apoyar y acudir más a estas manifestaciones.

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